...y hace veinte años
Recuerdo hace veinte años a un tipo joven, a la sazón presidente del equipo de hockey que más triunfos estaba proporcionando al deporte gallego. Oí decir que si llegaba a ser presidente del Deportivo, lo haría campeón de Liga y Copa y que, al igual que el Liceo, se enseñoraría por Europa, jugando la Champions League.
A los que escuchamos aquella premonitoria frase, nos dio un ataque de risa, nuestro comentario fue: “¿Este tipo está loco o nos está tomando el pelo?”. El fútbol nada tiene que ver con el hockey, son dos deportes totalmente diferenciados en su gestión. Augusto Cesar Lendoiro no era un desconocido para los aficionados en general, tenía el historial de cuando, con tan sólo dieciséis años de edad, fundó un equipo de fútbol: el Ural. Continuó en el fútbol modesto siendo presidente del Español de Santa Lucía, del que el que esto escribe, tuvo la suerte de acompañarle en la junta directiva y conseguir cinco campeonatos de liga consecutivos, ostentando un récord no superado por ningún equipo. Los agoreros coruñeses comentaban que acabaría con el Liceo. El equipo está ahí a pesar de los pesares y de la nula ayuda institucional, batiéndose el cobre con los mejores conjuntos catalanes. Los que pronosticaban el enterramiento del equipo de hockey, son los mismos piojos que hoy pican en la cabeza de los desaboridos que dicen que Lendoiro va a enterrar al Deportivo.
Augusto se rodeó de personas que, aunque procedían del fútbol modesto coruñés, conocían a la perfección lo que era trabajar sin medios económicos y sin descanso. Inventaron un lema: “Camina o revienta”, para captar socios y levantar de las cenizas lo que quedaba de aquel Deportivo. La situación financiera era caótica. Algunos decían que el club era una empresa inviable y la deuda rondaba los doscientos millones de pesetas en el año 1988, por lo que todo auguraba que el club podría desaparecer. Los medios de comunicación coruñeses se sumaron gratuitamente a la campaña. Con la ayuda de todos los buenos aficionados y el préstamo de un banco, simplemente con su aval como gestor deportivo, logró sacar de la UVI a un moribundo equipo que comenzaba a estar en la agonía.

Silencio, que nadie se entere.
Con los labios juntos no se puede hablar
y, aunque sea pecado,
yo te quiero lo mismo
Nadie en su sano juicio puede quitarle el mérito a un hombre que ha colmado de alegría e ilusión a toda una ciudad que disfrutó de momentos impensables y que actualmente camina, como si de un funambulista se tratara, sobre la cuerda floja a muchos metros de altura para que el club siga siendo mucho más que una ilusión convertida en realidad. Hay demasiados individuos deseando que se rompa el alambre para que se dé de bruces contra el suelo.
El fútbol tiene etapas y, como todo en la vida, las hay buenas, mejores y regulares. En las etapas menos afortunadas, es cuando debemos arrimar el hombro para contribuir todos a que éstas se puedan superar. Si nos dedicamos a escarbar, lo único que hacemos es un hoyo para convertirnos en enterradores.
En fin, hoy no quería hablar de fútbol y deseaba cantarle al amor en el tránsito de las estaciones verano-otoño. Los árboles, presumidos ellos, vuelven otra vez a mudar de traje. Las hojas cubrirán los caminos por donde los enamorados paseaban de la mano durante el verano y, sin embargo, estoy pidiendo espuelas al viento para llegar lo más lejos posible en mi caminar por las nubes de algodón que oscurecen el cielo. He visto en el crepúsculo a las pálidas luces alumbrar las ideas que necesitamos todos los deportivistas, para sacar adelante un proyecto de antaño convertido en realidad con el paso de los años. El deportivismo es el bálsamo embriagante que nos conduce hacia las praderas de la fronda salvaje donde la ilusión se une a la realidad. No quiero que el aire helado congele mis venas si al Deportivo lo hunden en el abismo más profundo unos cuantos ‘emborronacuartillas’.
¡FORZA DEPOR!
Antonio Zamorano - DEPORSport
A los que escuchamos aquella premonitoria frase, nos dio un ataque de risa, nuestro comentario fue: “¿Este tipo está loco o nos está tomando el pelo?”. El fútbol nada tiene que ver con el hockey, son dos deportes totalmente diferenciados en su gestión. Augusto Cesar Lendoiro no era un desconocido para los aficionados en general, tenía el historial de cuando, con tan sólo dieciséis años de edad, fundó un equipo de fútbol: el Ural. Continuó en el fútbol modesto siendo presidente del Español de Santa Lucía, del que el que esto escribe, tuvo la suerte de acompañarle en la junta directiva y conseguir cinco campeonatos de liga consecutivos, ostentando un récord no superado por ningún equipo. Los agoreros coruñeses comentaban que acabaría con el Liceo. El equipo está ahí a pesar de los pesares y de la nula ayuda institucional, batiéndose el cobre con los mejores conjuntos catalanes. Los que pronosticaban el enterramiento del equipo de hockey, son los mismos piojos que hoy pican en la cabeza de los desaboridos que dicen que Lendoiro va a enterrar al Deportivo.
Augusto se rodeó de personas que, aunque procedían del fútbol modesto coruñés, conocían a la perfección lo que era trabajar sin medios económicos y sin descanso. Inventaron un lema: “Camina o revienta”, para captar socios y levantar de las cenizas lo que quedaba de aquel Deportivo. La situación financiera era caótica. Algunos decían que el club era una empresa inviable y la deuda rondaba los doscientos millones de pesetas en el año 1988, por lo que todo auguraba que el club podría desaparecer. Los medios de comunicación coruñeses se sumaron gratuitamente a la campaña. Con la ayuda de todos los buenos aficionados y el préstamo de un banco, simplemente con su aval como gestor deportivo, logró sacar de la UVI a un moribundo equipo que comenzaba a estar en la agonía.

Silencio, que nadie se entere.
Con los labios juntos no se puede hablar
y, aunque sea pecado,
yo te quiero lo mismo
Nadie en su sano juicio puede quitarle el mérito a un hombre que ha colmado de alegría e ilusión a toda una ciudad que disfrutó de momentos impensables y que actualmente camina, como si de un funambulista se tratara, sobre la cuerda floja a muchos metros de altura para que el club siga siendo mucho más que una ilusión convertida en realidad. Hay demasiados individuos deseando que se rompa el alambre para que se dé de bruces contra el suelo.
El fútbol tiene etapas y, como todo en la vida, las hay buenas, mejores y regulares. En las etapas menos afortunadas, es cuando debemos arrimar el hombro para contribuir todos a que éstas se puedan superar. Si nos dedicamos a escarbar, lo único que hacemos es un hoyo para convertirnos en enterradores.
En fin, hoy no quería hablar de fútbol y deseaba cantarle al amor en el tránsito de las estaciones verano-otoño. Los árboles, presumidos ellos, vuelven otra vez a mudar de traje. Las hojas cubrirán los caminos por donde los enamorados paseaban de la mano durante el verano y, sin embargo, estoy pidiendo espuelas al viento para llegar lo más lejos posible en mi caminar por las nubes de algodón que oscurecen el cielo. He visto en el crepúsculo a las pálidas luces alumbrar las ideas que necesitamos todos los deportivistas, para sacar adelante un proyecto de antaño convertido en realidad con el paso de los años. El deportivismo es el bálsamo embriagante que nos conduce hacia las praderas de la fronda salvaje donde la ilusión se une a la realidad. No quiero que el aire helado congele mis venas si al Deportivo lo hunden en el abismo más profundo unos cuantos ‘emborronacuartillas’.
¡FORZA DEPOR!
Antonio Zamorano - DEPORSport
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